El Señorío de Jesucristo
La fuente última y final de autoridad es Jesucristo el Señor, y cada área de la vida debe estar sujeta a su Señorío.
(Lc. 6:46; Jn. 13:13; Mateo 28:18; 1 Corintios 1:2; Efesios 1:22-23; 1 Pedro 2:4-8.)Nuestra fe
Extraído de la Declaración de Fe de la Convención Bautista de Cuba Occidental 1978,2014.
La Santa Biblia (los 66 libros que fueron reconocidos definitivamente por el concilio de Cartago en el 397 d.C.) fue escrita por hombres divinamente inspirados (1) y es un tesoro perfecto de instrucción celestial (2). Tiene a Dios por autor (3), muestra el camino de la salvación (4), y su contenido es la verdad sin mezcla de error (5). Por tanto, ella constituye la norma suprema a la cual se debe sujetar todo juicio que se forme de la conducta, las creencias y las opiniones humanas (6), así como de la unidad cristiana (7). El criterio para su interpretación es Cristo Jesús (8).
(1) 2Ped.1:20 – 21; (2) 2Tim.3: 16-17; (3) Heb.1:1-2; (4) 2Tim.3: 15; (5) Jn. 17:17; (6) Jos.1:8; Mt.4:1-11; (7) Ga.1:8; 2Jn.10; (8) Jn.5:39.
Hay un solo Dios verdadero (1); Espíritu Infinito (2) y eterno (3); Creador y sustentador del universo (4); Omnipotente (5), Omnisciente (6), y Omnipresente (7). Es Amor (8), Santo (9), Justo (10), Perfecto (11) e inmutable (12); digno de todo amor (13) y alabanza (14). En la unidad de la divinidad existen tres Personas: el Padre (15), el Hijo (16) y el Espíritu Santo (17), iguales cada una en su divina perfección, coexistentes y coeternales, que desempeñan oficios distintos, pero que armonizan en la grande obra de Redención (18).
(1) Deut. 6:4; Jer.10: 10; Jn.17:3; (2) Jn.4:24; II Crón.6: 18; (3) Sal.90:2; (4) Gén. 1:1; Col.1:17; (5) Gn.17:1; (6) 1Jn.3:20; (7) Sal.139:7-12; (8) 1Jn.4:8; (9) Is.6:3; (10) Deut.32:4; Sal.119:137; (11) Mt.5:48; (12) Stgo.1:17; (13) Mt.22:37; (14) Sal.148; (15) Ef.4:6; (16) Jn.20:31; (17) Hch.5:1-4; (18) Mt.28: 19; II Cor.13:14; 1Ped.1:2
Dios el Padre es sobre todo (1), de quien proceden todas las cosas (2). Él es Padre de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús (3), a quien por amor envió para que los hombres pudieran tener vida eterna (4). Él revela su verdad a los hombres (5) y da recompensas (6). Debe ser glorificado por la vida ética de sus hijos (7). A Él deben ser dirigidas las oraciones (8), en el nombre del Hijo (9), y con la intercesión del Espíritu Santo (10).
(1) Ef.4:6; (2) 1 Cor. 8:6; (3) Jn.1:12; (4) Jn.3:16; (5) Mt.16:17; (6) Mt.6:6; (7) Mt.5: 16, 44, 45; (8) Mt.6:6,9; (9) Jn. 14:13; (10) Ro.8:26.
Jesucristo es nuestro Salvador (1) y Señor (2); engendrado por el Espíritu Santo (3) y nacido de la virgen María (4). Es verdadero hombre (5) y verdadero Dios (6). Murió crucificado por nuestros pecados (7), resucitó de entre los muertos (8) y ascendió a los cielos (9). Asimismo ha de venir victorioso al mundo en forma universalmente visible (10) para juzgar a los vivos y a los muertos (11) y consumar su reinado absoluto (12).
(1) Tit.2:13; (2) Filp.2:11; (3) Mt.1:20; (4) Lc.1:35; (5) Heb.2:14; (6) 1Jn.5:20; (7) Filp.2:8; 1Cor.15:3; (8) 1Cor.15:4; (9) Hch.1:9,11; (10) Ap.1:7; (11) Jn.5:25-29; (12) Ap.11:15
El Espíritu Santo es una persona divina (1), cuyo ministerio consiste en convencer al mundo de pecado (2) y conducir a los cristianos a toda verdad (3), a quienes también sella, en el momento que creen (4), para el día de la redención (5) y los enviste de poder para cumplir la Gran Comisión (6).
(1) Ef.4:30; Jn. 15:26; (2) Jn. 16:8; (3) Jn. 16:13; (4) Ef.4:13; (5) Ef.4:30; (6) Hch.1:8.
El ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza en el sentido espiritual, moral e intelectual (1), sexualmente definidos, de manera complementaria, como varón y hembra (2), para vivir en santidad, sujeto a las leyes de su Creador (3). Fue dotado de libertad, pero por transgresión voluntaria cayó de su estado perfecto (4), arrastrando por herencia a toda la raza humana a condenación eterna (5); sin embargo, Dios, en su infinita misericordia y gracia proveyó para el hombre caído plena redención y justificación en Jesucristo (6).
(1) Gn.1:26; (2) Gn.1:27,28; (3) Gn.2:7- 17; (4) Gn.3:1-8; (5) Ro.5: 12- 21; (6) Gn.3:15, Ga.4:4-5.
Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1). La salvación de los pecadores es por la gracia de Dios, por medio de la fe (2), en virtud de la obra redentora de Cristo (3); quien cumpliendo la voluntad del Padre (4) se hizo hombre exento de pecado (5), honró la ley divina con su obediencia personal (6) y con su muerte dio plena satisfacción por los pecados de toda la humanidad (7), haciendo partícipes a los que creen de la victoria de su resurrección (8).
(1) 1Tim.2:4; Ti.2:11; 2Ped.3:9; (2) Ef.2:8; (3) Ro.3:24-26; (4) Heb.10:7; (5) Heb. 4:15; (6) Heb. 5: 8-9; (7) 1Jn.2:2; 1Tim.4:10; 2Cor.5:19; (8) ICor.15: 53 -57.
La elección es el propósito de Dios, según Su presciencia, de salvar, regenerar y santificar misericordiosamente a los que creen en Cristo (1). Este propósito, perfectamente consecuente con la libre agencia humana, abarca todos los medios junto con el fin, que es llegar a ser como Cristo (2), manifiesta la soberana bondad divina (3), excluye absolutamente la jactancia, promoviendo la humildad (4) y se evidencia en la vida fructífera de todos los que realmente reciben a Cristo (5).
(1) 1Ped.1:2, 18-21; (2) Ro.8:28-30; (3) Ef.1: 3-6; (4) 1Cor.1:26-29; (5) 2Ped.1: 5-10.
La santificación es el proceso mediante el cual experimentamos en nosotros la naturaleza de Dios (1), según Su voluntad (2). Esta es una obra progresiva que comienza con la regeneración y termina en el día de Cristo (3), desarrollada en el corazón fiel por la presencia y poder del Espíritu Santo (4). Además existen algunos medios facilitadores de este proceso, tales como la Palabra de Dios (5), la confesión de pecados (6), la oración (7) y el compañerismo cristiano (8).
(1) 2Ped.1: 4; (2) I Tes.4:3; (3) Filp.1: 6; (4) 2Cor. 3:18; (5) Jn.17: 17; (6) IJn.1:9; (7) Mt.26: 41; (8) Heb.10:24, 25.
Los cristianos regenerados no apostatarán para perecer irremediablemente, sino que permanecerán hasta el fin (1). Ellos han sido sellados por el Espíritu Santo para el día de la redención (2). Su adhesión perseverante a Cristo es la señal que los distingue de los que aparentemente hacen profesión de fe (3). Los cristianos auténticos son custodiados por el poder de Dios para salvación (4).
(1) Jn.10: 27-29; Heb.10:39; (2) Ef.1:13, 14; 4:30; (3) Filp.1:6; 1Jn. 2:19; (4) Ro.8:37-39; Jud.24.
La Ley de Dios es santa, justa y buena (1); pero el hombre está incapacitado por su naturaleza pecaminosa para cumplirla (2). La misión de la ley fue servirnos de guía para llevarnos a Cristo (3), quien la cumplió como nuestro Sustituto (4). El Evangelio es la buena noticia de salvación en Cristo a todo aquel que cree (5), sin necesidad de las obras de la ley (6).
(1) Ro.7:12; (2) Ro.7:14; (3) Ga.3: 24; (4) 2Cor.5:21; (5) Ro.1:16; (6) Ro.3:28.
La iglesia es universal (1) y local (2). Fue fundada por Cristo (3) y constituida como un Cuerpo por el Espíritu Santo (4). Una iglesia local neotestamentaria es un cuerpo de creyentes en Cristo que han dado testimonio de su fe por medio del bautismo (5), unidos voluntariamente para la adoración, el compañerismo, el servicio, la proclamación del Evangelio y para sostener las doctrinas del Nuevo Testamento (6). Practica las ordenanzas (7), tiene un gobierno congregacional (8) y ejerce deberes y derechos según nos muestra el Nuevo Testamento (9). Sus oficiales son pastores y diáconos, con determinados requisitos, derechos y obligaciones (10). Además, cada miembro debe desempeñar una función específica dentro de la congregación según los dones espirituales recibidos (11). El programa permanente de la iglesia le fue dado en la Gran Comisión (12).
(1) – Ef.5:25; (2) 1Cor.1:2; (3) Mt.16: 18; (4) 1Cor.12:13; (5) Hch.2: 41; (6) Hch.2:42-47; (7) Mt.28:19; 1Cor.11:23-26; (8) Hch.6: 5; 15:22; (9) Mt.18: 17-18; (10) I Tim.3: 1-13; 5:17; Heb.13:17; (11) 1Ped.4:10; Ro.12:4-8; (12) Mt.28:19,20; Hch.1: 8.
El día del Señor es el domingo, porque ese día Jesucristo, al resucitar de los muertos, terminó su obra redentora al igual que el Padre terminó en sábado su obra de creación (1) y se ha de consagrar a la adoración cristiana, privada y pública (2), a fin de prepararse para "el descanso que le queda al pueblo de Dios" (3).
Jn.20:1; (2) Hch.20: 7; 1Cor.16: 2; (3) Heb.4:9
El gobierno civil existe por disposición divina, para los intereses y el buen orden de la sociedad humana (1), por lo que debemos orar por los gobernantes (2), honrándolos en conciencia y obedeciéndoles (3), salvo en aquello que claramente se oponga a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, único dueño de la conciencia y Rey sobre cualquier autoridad terrenal (4). La Iglesia y el Estado deben estar separados, reconociéndose mutuamente y fungiendo cada uno en sus respectivas esferas con recíproco respeto (5). El cristiano debe ser el mejor ciudadano (6).
(1) Ro.13:1; (2) Tim.2:1 -2; (3) 1Ped.2: 13-17; (4) Hch.4: 19-20; 5:29; (5) Mt.22:21; (6) 1Ped.2:11-16.
El fin del mundo se acerca (1). Cristo descenderá del cielo (2) y levantará a los muertos del sepulcro (3). Se verificará una separación solemne (4) donde los impíos serán sentenciados al castigo eterno y los justos al gozo sin fin (5). Este juicio determinará para siempre, sobre principios absolutamente justos, el estado final de los hombres, en el cielo o en el infierno (6). Habrá para los redimidos cielos nuevos y tierra nueva donde more la justicia (7).
(1) 2Ped.3:10; (2) Ap.1:7; (3) Jn.5:28,29; (4) Mt.25: 32-33; (5) Mt.25:46; (6) Ap.20:11-15; (7) 2 Ped.3:13; Ap.21:1,2.
Las iglesias bautistas son locales y autónomas (1), su gobierno es congregacional (2), y se sostienen y expresan por sí mismas. Ninguna está por encima ni por debajo de otra. Los bautistas desarrollan la interdependencia de las iglesias (3), se unen fraternalmente y ofrecen su cooperación voluntaria para cumplir la Gran Comisión (4).
(1) 1Cor.1:2; (2) 1Cor.5: 12-13; (3) 1Cor.16: 1; (4) Mt.28:19.
Extraído en Diciembre de 2025 de https://acbcocc.wordpress.com/nuestra-declaracion-de-fe/
Identidad
Fundamentos bíblicos que guían nuestra identidad y práctica.
La fuente última y final de autoridad es Jesucristo el Señor, y cada área de la vida debe estar sujeta a su Señorío.
(Lc. 6:46; Jn. 13:13; Mateo 28:18; 1 Corintios 1:2; Efesios 1:22-23; 1 Pedro 2:4-8.)La Biblia, como revelación inspirada de la voluntad y del camino de Dios, completada totalmente en la vida y enseñanzas de Cristo, es nuestra regla autoritativa de fe y práctica.
(Hechos 17:10-12; Hechos 18:28; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:19-20; Gálatas 1:6.)La membresía en una iglesia es un privilegio extendido propiamente solo a las personas regeneradas, quienes han aceptado voluntariamente el bautismo y se han entregado a sí mismas a un discipulado fiel en el cuerpo de Cristo.
(Hechos 2:41; Marcos 16:16; Romanos 6:4; Hechos 2:41; 8:12, 37, 38; 9:18; 10:47, 48; 16:14, 15, 32-34; 18:8; 19:1-5; Mateo 3:16; Hechos 8:38, 39; Romanos 6:4.)Una iglesia es un cuerpo autónomo, sujeto únicamente a Cristo, su Cabeza. Su gobierno democrático refleja, propiamente, la igualdad y la responsabilidad de los creyentes bajo el señorío de Cristo.
(Hechos 1:15-26; Hechos 6:1-7; Hechos 13:1-3; Hechos 15:1-33; 1 Corintios 5; Romanos 16:17; 2 Tesalonicenses 3:6-15.)Cada creyente, teniendo acceso directo a Dios por medio de Cristo, es su propio sacerdote, y está también en la obligación de llegar a ser un sacerdote para Cristo en favor de otras personas.
(Hebreos 7:20-28; 1 Timoteo 2:5; 1 Pedro 2:9; Hebreos 4:14; Romanos 12:4-7; 1 Corintios 12; Efesios 1:22, 23; 4:15, 16; Colosenses 1:18.)Ambos son ordenados por Dios y responsables ante Él. Deben permanecer separados, pero ambos están bajo la obligación de un reconocimiento y apoyo mutuo, en tanto y en cuanto cada uno procura cumplir su función divina.
(Mateo 22:21; Romanos 13:1-6; 1 Pedro 2:13, 14; Daniel 3; Daniel 6; Hechos 5:27-29.)Toda persona es libre debajo de Dios en todo asunto de conciencia, y tiene el derecho de abrazar o rechazar una religión y de dar testimonio de sus creencias religiosas, siempre con el debido respeto por los derechos de otras personas.
(Génesis 1:26, 27; Juan 3:36; 14:6; Hechos 4:12; Mateo 16:24.)El pueblo de Cristo debe, según la ocasión lo requiera, organizar las asociaciones y convenciones que sean convenientes para lograr la cooperación que se necesite a fin de realizar los grandes objetos del Reino de Dios.
(Marcos 6:7; Lucas 10:1; Eclesiastés 4:9-12; Hechos 11:27-30; 1 Corintios 16:1; 2 Corintios 8, 9; Filipenses 4:15, 16; 2 Corintios 11:8, 9; Mateo 20:20-28; Juan 17.)Extraído en Noviembre de 2025 de https://acbcocc.wordpress.com/principios-bautistas/